Para abordar los criterios de calidad y normalización en la formación virtual consideraremos los indicadores en la norma UNE 66181, pero éstos no son los únicos ni tampoco se recoge en ellos y sin ambigüedades todos los factores críticos y los agentes relacionados.
Lo importante es utilizar indicadores comunes. La tendencia de las empresas inteligentes es aplicar conjuntamente otras normas de calidad ISO adoptadas como normas UNE; como ejemplos:
- ISO 9001. Sistemas de gestión de calidad. Requisitos.
- ISO 19796. Tecnología de la información. Enseñanza, educación y formación. Gestión, aseguramiento y medida de calidad. ISO/IEC 19796 Information, technology – Learning, education and training – Quality management, assurance, and metrics.
- ISO 19796-1. Parte 1. Aproximación General (BOE, 15 de enero de 2009). ISO/IEC 19796-1:2005 General approach.
- ISO/IEC 19796-2: Harmonized quality model
- ISO/IEC 19796-3: 2009: Reference methods and metrics
- ISO/IEC 19796-4:Best practice and implementation guide (Techical Report)
- ISO/IEC 19796-5: How to use ISO/IEC 19796-1
¿Deberíamos ser más ambiciosos?
La norma es un instrumento de valor que habríamos de aplicar bajo la constante del objetivo de la calidad. Un criterio de calidad unívoco que “permita a los clientes decidir sobre sus opciones para el aprendizaje y a los proveedores de formación virtual identificar la calidad de su oferta”, diferenciarla, y dotarse del engranaje para planificar y desarrollar la mejora continua de su cartera.
Pero lo abierto de algunas de sus definiciones y recomendaciones podría desvirtuar su entendimiento aplicado. Además, a su espíritu general hay que apostillarle de partida: se trata de una calidad que sancionan los propios generadores de productos y servicios, es decir, de un concepto diferente al de “satisfacción del cliente”.
Representantes de la Fundación Tripartita vienen denunciando que la formación virtual no está generando aprendizajes significativos, mientras que las empresas clientes y las proveedoras se muestran en general satisfechas. Quizá es que se les pregunta poco a los USUARIOS.
¿Debería estar entonces más relacionada la norma con la satisfacción del usuario, y con la contribución a su capital humano? Porque justamente de la idea de atribuir mayor protagonismo a los profesionales y alumnos en su aprendizaje permanente o especializado (the empowerment), nace la necesidad de estandarización. Esta paradoja aparente destapa la gran complejidad de la cuestión de la calidad, y me atrevería a decir que lo mismo explica los vacíos en la UNE 66181 respecto a las competencias y a la metodología didáctica, cruciales no obstante en el análisis y evaluación de la calidad de una acción formativa: Cómo se produce la transferencia de la formación sobre el “aprendedor”, y explicar el procedimiento para realizar este análisis. Aún más allá del propio individuo, también debería analizarse la influencia de las redes de alumnos en el aprendizaje y la motivación colectiva.
La “norma” debe adaptarse a las realidades y contribuir a mejorarlas pero no le corresponde a ella avanzar sobre las ideas tras la efectividad de los cursos y los recursos utilizados. Sin embargo, si rehusamos entrar en el meollo, estos valores de calidad podrían quedar pronto obsoletos.
¿Cómo se conjugaría “usuario-centro de atención” y “valor diferencial” con normalización, estándares y homologación? Veamos.
Cuando se les pregunta a los usuarios acerca de cuáles son en su opinión los aspectos que deberían mejorarse en la formación virtual, mayoritariamente creen que “la atención al alumno debería ser más personalizada (Interactividad, Tutorización, Accesibilidad,); los contenidos de calidad y adecuados a la demanda del mercado (Empleabilidad) y a adquirir competencias”. Además se opina que es necesaria “una unificación mínima de criterios a la hora de diseñar contenidos, y no sólo que cumplan con unos estándares”. Es importante también para los usuarios la acreditación y reconocimiento de lo aprendido, el título.
Este reclamo es difícilmente abordable con una norma de mínimos en cuanto a los medios, pero que no se propone establecer criterios cualitativos de todo el material didáctico (algo complejo y perteneciente a la idiosincrasia empresarial o pedagógica pero que habríamos de intentar objetivar). Se requeriría parámetros flexibles, indicar las matrices para obtener coordenadas válidas en cada tiempo, grupo discente y contexto. Estos factores combinados producen siempre resultados específicos, y las características de los cursos deberían adaptarse, cada vez.
He aquí la primera cuestión: ¿No sería más útil certificar procedimientos, materiales didácticos y a las propias entidades, que los cursos? Con esta norma de calidad, ni el indicador de Facilidad de asimilación ni el de la Empleabilidad quedan suficientemente dotados para rubricar la calidad “real” de la formación.
En cuanto a la exigencia por parte de los usuarios de atención más personalizada, la norma relaciona la interactividad y el seguimiento tutelar tecnológicamente viable con la asimilación, la motivación y la evitación del abandono, pero hace falta algo más. En este punto, aunque en mi opinión condiciona cada paso de la evaluación de la calidad de las acciones y sus logros, me detendría en la “motivación”, prestaría más atención a los “motivos” de los usuarios.
La motivación del alumno para participar activamente en el proceso de formación virtual es clave para un aprendizaje efectivo: todas las demás variables críticas pueden estar bien gestionadas, pero si falta la motivación del alumno, el aprendizaje no se producirá.
“La característica esencial de una actuación de calidad en formación, y más aún en elearning, consiste en que la calidad depende directamente del propio beneficiario. /…/ La formación no es un proceso industrial lineal reproducible independientemente del cliente” (Frédéric Haeuw, 2004)
Parece recomendable conocer cuáles son los intereses del participante y realizar todo el diseño e implantación de la formación en función de ello. Esto es en mi opinión lo que un usuario quiere decirnos cuando demanda “atención personalizada”, en realidad demanda un reconocimiento de su propia identidad.
Quizá lo ideal es que el usuario llegue ya motivado al curso, con ganas de aprender determinados conocimientos y destrezas. En este caso, creo que seguramente mantendrá su motivación ante el curso en función de la satisfacción de sus expectativas, y quizá no tanto en función de la interactividad o de la excelente tutorización: Por un lado, el objetivo de un curso ¿no debería ser que resultara asimilable al margen de la tutorización? La tutorización se sancionaría más por su función de guía para evitar desistimientos así como inferencias mal encaminadas o poco alineadas con el objetivo de aprendizaje, y en cuanto a la interactividad, no es un factor imprescindible ni deseable en ciertas metodologías o detalles de materia, y sancionarla aisladamente como indicador no parece tan acertado como sí hacerlo integrando su valor en el proceso, como medio para la excelencia.
Por lo tanto, me resulta llamativo que no se contemple en la norma estándares de calidad orientados a la evaluación de la motivación inicial de los usuarios; incluir en el ciclo de detección de calidad la idoneidad de los cursos con arreglo a su capacidad de captación de discentes motivados, valorando, por ejemplo, la inclusión de encuestas previas que determinen los “intereses” con el fin de mejorar la adaptabilidad de los recursos para la “customización” del curso. Esa flexibilidad debería sumar.
Un análisis de los rangos de competencias asignadas a cada curso, bien alineadas con el objetivo de la formación y la empleabilidad, también nos acercaría más a lograr un aprendizaje de calidad.
Otras ideas en esta dirección:
- Valorar el sustento sociológico / antropológico (estudios preliminares y casuística) de los cursos en actuaciones extra-contextualizadas o para la educación especial.
- Puntuar el valor diferencial de los cursos, por ejemplo, en cuanto a la innovación, ya sea tecnológica, metodológica o de bien social.
- Considerar los incentivos asignados a cada acción formativa: ayudas al estudio, becas o subvenciones, bolsa de empleo, devolución de cuotas en el caso de incumplimiento de contrato (“guía didáctica”), etc.
Es decir, incluir el objetivo de reconocimiento del usuario y de su motivación como un valor transversal integrado en todo el proceso de evaluación de la calidad y por cada indicador.
Los motivos del beneficiario de la formación virtual son los de siempre: básicos, de supervivencia, relacionados con la seguridad emocional o las sensaciones, autoestima; sociales relacionados con el refuerzo o con grupos significativos, impulsivos, cognoscitivos, autoconstructivos, opresores… El propio dinamismo de la formación virtual contribuye a ponerlos de manifiesto antes o después. Si los reconocemos y ordenamos podremos diseñar actuaciones de enseñanza - aprendizaje muy valiosas y de gran alcance.
Me parece, en definitiva, que hace falta señalar el qué aprender y quién aprende, además de cómo hacerlo o, en el caso de formación virtual, las tres claves de forma simultánea. Es difícil, pero todo lo demás serán especulaciones.
Mónica González García
>> SINTESIS, pero en canción: Videoclip Cero y Uno
*Fuentes consultadas:
1.- Reflexiones en torno a la UNE 66181 de D. Domingo Pedraza del Duero, post 19/03/2009 en winred.com
2.- Blog Ana Landeta
“Buenas Prácticas eLearning”
3.- www.fundaciontripartita.org/
4.- Programa EVA. Guía de innovación Metodológica en elearning
5.- La norma UNE 66181: contexto, fundamentos y alcance. Universidad de Alcalá. Ponencia de D. José Ramón Hilera González.
6.-Frédéric Haeuw y Philippe Morin, 2004, Algora formación abierta y redes. Elearning y criterios de calidad: Tres reflexiones actuales en Francia
7.- Estudio de adecuación de la formación continua de los trabajadores de Andalucía a la Norma UNE66181
Hola Mónica
ResponderEliminarMe agrada mucho tu planteamiento. La formación no es un servicio cualquiera: está implicado el desarrollo personal y social del alumno. Por ello las normas de calidad me parece que si se centran sólo en los "procesos de gestión" de la empresa u organismo, soslayando lo más relevante, que es el resultado en el alumno, hacen flaco favor en acreditar la calidad educativa. Lo fundamental a cuidar, antes-durante-después, es que cada alumno consiga un aprendizaje satisfactorio y significativo. Luego cada alumno es un reto de calidad que hay que atender debidamente.
Gracias Mónica por los datos con que aderezas tus argumentos ;)
Saludos de Maca